viernes, 12 de junio de 2015

Negocio en verde

Hasta hace algunos años era algo inimaginable en Chile; hoy, la venta de productos derivados de la cannabis para uso medicinal comienza a agarrar vuelo. Knop Laboratorios, en conjunto con la Fundación Daya, trabajan para desarrollar juntos un fitofármaco, mientras una empresa de Los Ángeles ya fue autorizada por el SAG para cultivar esta planta. El ISP, en tanto, aumentó este año a cinco los cosméticos nacionales basados en el cáñamo. Es el despegue en Chile de la marihuana medicinal.
 
Por: Jorge Poblete
Ilustración: Ignacio Schiefelbein
 
 
 
 
Fue un viaje riesgoso. No tanto como trasladar millones en un camión de transporte de valores blindado o como llevar a un mandatario en una comitiva resguardada por motoristas de Carabineros, pero el viaje desde la plantación en La Florida hasta la planta de Knop Laboratorios en Quilpué, recibió protección especial. El convoy debía partir a las nueve y media de la mañana del lunes 25 de mayo, pero salió pasadas las tres de la tarde. Lo integraban un furgón de Carabineros, dos camionetas de seguridad ciudadana municipal, el camión con la carga previamente sellada y otros tres vehículos: el del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), el de la Fundación Daya y un tercero con unos cineastas que preparan un documental.
 
“Nos demoramos un tanto porque hubo una pequeña descoordinación con Carabineros y algunas anécdotas como que hubo que parar en la bomba porque a ellos les quedaba poca bencina”, cuenta la actriz Ana María Gazmuri, presidenta de la Fundación Daya. Salvo ese incidente, se trató de un viaje tranquilo, y al llegar al laboratorio de Knop, rompieron los sellos y pesaron los 100 kilos de “cannabis sativa con cannabis indica y del híbrido de cannabis sativa con cannabis indica y rudelaris”, según establece la resolución del Instituto de Salud Pública (ISP).
 
Se trató de un viaje atípico, pero que se convertirá en uno más que frecuente: el 7 de mayo pasado, la Fundación Daya firmó un convenio de cooperación con Knop Laboratorios para desarrollar un fitofármaco a base a cannabis. Si todo sale bien, en seis meses más el aceite debiera estar listo para entrar en la etapa de estudios clínicos, los que según los cálculos demorarían poco más de un año. Sólo entonces Knop evaluará la eventual rentabilidad del producto para comercializarlo en sus farmacias, lo que podría ser el primer paso para que Chile entre a la producción y venta de marihuana para uso medicinal.
 
Hasta el momento, un puñado de privados ha manifestado interés en incursionar en este mercado y patentar productos en el ISP, motivados, por una parte, por la existencia de consumidores que prefieren los productos homeopáticos como alternativa para tratar fuertes dolores en enfermedades como el cáncer, y, por otra, por el fuerte crecimiento de este mercado en otros países.
 
En Estados Unidos, la legalización de la marihuana para uso medicinal en 23 estados generó en 2014 ventas al por menor que superaron los 984 millones de dólares, según la firma de investigación ArcView Group.
 

Siguiendo a la FDA

¿Qué cambió para que hoy se pueda invertir en estos productos en Chile? El director del ISP, Roberto Bravo, explica que, básicamente, varió la interpretación de la Ley 20.000. “En vista de los antecedentes que hay a nivel mundial, y de fármacos que ya están autorizados por parte de agencias de alto nivel como la FDA de Estados Unidos o la agencia europea de medicamentos, es que el ISP, analizando el marco legal vigente en nuestro país, ha iniciado desde hace cerca de un año la revisión de todos estos antecedentes, de modo tal de estar en condiciones de poder evaluar y tramitar eventuales solicitudes de registro de productos de acción farmacológica a base de cannabis o derivados de cannabis”, explica.
 
La unidad específica a cargo de esta tarea es el subdepartamento de Control de Comercio Exterior, Estupefacientes y Psicotrópicos que fue el que dio, en mayo pasado, la autorización para elaborar un producto farmacéutico a Knop Laboratorios. A esto se suman consultas tanto de compañías nacionales como extranjeras ante el Instituto de Salud Pública.
 
Es hasta acá donde llegan también los decomisos con los supuestos aceites de marihuana sin registro que se pueden encontrar en tiendas de Santiago y otras ciudades del país. La mayoría suele ser aceite de oliva mezclado con yerbas aromáticas, cuentan en el ISP.
 
Este organismo también ha dado el visto bueno a otros cinco productos derivados de cannabis, todos fabricados en Chile. Este año registró un aceite humectante elaborado por Yerba Santa Chile, una crema de manos y cuerpo de Yves S.A., los que se suman a un producto para el contorno de ojos, aprobado el año pasado, y dos cremas de cannabis, todos registrados por Comercial Heliderm. Y todos, también, ejemplos de un interés compartido no sólo por las empresas, sino también por fundaciones, las que, en la práctica, han organizado a la masa crítica de eventuales consumidores de estos productos.
 

Ser o no una empresa B

La casa de calle Coventry, en Ñuñoa, donde funciona la Fundación Daya, podría fácilmente confundirse con uno de los tantos espacios de co-working que se ofrecen en Santiago. Ocupan una oficina con computadores en el segundo piso y una sala de consultas en el primero, mientras que el resto es utilizado por las otras tres entidades –también vinculadas a los productos naturales– con las que comparten en lugar.
 
Ana María Gazmuri saca su smartphone cuyo fondo de pantalla es una hoja de marihuana y cuenta cómo partió todo. Fue hace dos años cuando, junto a su marido, Nicolás Dormal, y otros socios decidieron dar el vamos a este proyecto. Con el propósito de promover terapias que alivien el dolor a pacientes graves, crearon la Fundación Daya. En un principio debatieron entre constituirse como una entidad sin fines de lucro, o bien como una empresa B, pero optaron por lo primero.
 
“Nos encantan las empresas B, pero cuando queremos desplazar fronteras, tenemos que considerar también el universo simbólico”, dice.
 
Cuenta que, al final, para evitar “suspicacias”, resolvieron hacer una fundación. “Si después requerimos este brazo más operativo, hacemos una empresa B y aplicamos los mismos parámetros éticos en ambas instituciones, como que mi sueldo no va a poder ser más de siete veces que el que hace el aseo”, explica Gazmuri.
 
La actriz es también terapeuta natural y fue así como inició conversaciones con el alcalde Rodolfo Carter para desarrollar su proyecto piloto y el más conocido hasta ahora: la plantación de marihuana en La Florida, con el propósito de desarrollar un aceite que contribuya a aliviar el dolor de 200 pacientes con cáncer.
 
Gazmuri cuenta que el primer contacto con Carter fue casual:
 
“Fue en el cumpleaños de una amiga que trabajaba en el municipio, y en esa reunión social partió esta típica conversación sobre la polémica de la marihuana, en un momento en que todavía no estaba tan instalado el tema medicinal. Después nos volvimos a encontrar en enero, porque él asistió a mi consulta como paciente de una terapeuta floral”. Así, el 22 de mayo de 2014 nació la alianza estratégica entre Daya y la Municipalidad de La Florida, a través de la cual el municipio dispuso de 300 metros cuadrados para plantar marihuana.
 
Hoy están en conversaciones con otros 27 municipios de todo el país (incluyendo Arica y Punta Arenas) para sumarlos a la iniciativa. Éstos deberán “concurrir con un aporte de 35 millones de pesos cada uno” para participar del proyecto, dice. Y en retribución, éstos recibirían fármacos para 200 pacientes de sus comunas.
 
Para concretar esos planes, la Fundación Daya requiere de nuevos suelos. Con ese fin, Dormal y Gazmuri ya compraron un terreno de 30 hectáreas, en Colbún, Séptima Región, donde esperan crear un centro terapéutico y también producir la cosecha necesaria para abastecer a las comunas con las que formen alianzas estratégicas.
“Nos parece que ésta es la manera de ir pavimentando esta producción nacional de fitofármacos a base de cannabis, de bajo costo, frente a la industria que va a llegar. No seamos ingenuos”, dice Gazmuri.
 
Una de las comunas que podrían sumarse es Concepción. Su alcalde, Álvaro Ortiz, cuenta que este mes el concejo municipal aprobó “aceptar proyectos ligados al uso medicinal de la cannabis” para entregar productos derivados de esta planta a pacientes inscritos en la red de salud municipal. Dice que estos productos podrían ser proveídos por la Fundación Daya o bien por otras que hagan sus ofertas.
 
Sobre sus motivaciones, es enfático: “Esto no significa libertinaje. Esto no significa que se pretenda respaldar el uso de una droga. Estamos hablando del uso medicinal”.
 

Una decisión difícil


Carolina Knop, subgerenta general de Knop Laboratorios y vocera de la empresa familiar, habla desde una oficina en el segundo piso de la planta de 5.000 metros cuadrados de Quilpué, decorada con un cuadro de la primera farmacia de la familia –que estaba frente a la Plaza Echaurren de Valparaíso–, y con una imagen del fundador de la compañía, su abuelo Reinaldo Knop.
 
“Nos contactó la Fundación Daya, a través de Ana María Gazmuri, que nos vino a contar cuál era la idea de este proyecto: que necesitaban tener un medicamento para hacer un estudio clínico, el que tiene que ser hecho en un laboratorio farmacéutico”, dice.
 
La decisión no fue fácil, explica, “sobre todo por la connotación negativa que tiene la droga en Chile. Nosotros somos súper tradicionales. Somos una empresa familiar, pero también tienes que abrirte un poco y ver que, si vas a hacer un medicamento, tenemos que hacerlo nosotros (…) Hay un tema filosófico detrás: si es un fitofármaco, cómo no lo vamos a tomar, porque quién es el experto en fitofármacos en Chile: Knop”. Y agrega que “existe un medicamento, que se llama Sativex, pero que no se comercializa en Chile, entonces hay una oportunidad de mercado para hacerlo y que seamos nosotros”.
 
Tomar la decisión no fue fácil. “Fue un tira y afloja y al final nos tiramos”, resume. Y también implicó hacer algunas inversiones en infraestructura: para tener mayor seguridad por la llegada de la marihuana hasta su planta, tuvieron que aumentar las cámaras y hacer una jaula para separar este producto.
 
Hasta ahora, las expectativas de Knop con el producto –que debiera ser un aceite en spray o con gotas–son cautas:
 
“No hemos tirado ni siquiera proyecciones de números, porque no sé si el estudio clínico dará o no un buen resultado”. •••
 
 
Otros interesados


La Fundación Daya no está sola en la cruzada por el uso de la cannabis medicinal en Chlile. Álvaro Gómez, gerente general de Agrofuturo, una empresa familiar creada en 2003 en Los Ángeles, en la Octava Región, ya había hecho un primer intento de producción en 2009. Pero, tras recibir permiso del SAG, éste les fue revocado, ya que en esa época el ISP sostenía que no había autorización para desarrollar fitofármacos a base de esta planta.
 
Hoy, que la realidad es otra, Agrofuturo obtuvo un nuevo permiso para cultivar, pero no todavía autorización para producir un fármaco por parte del ISP. “Queremos desarrollar una línea de semillas para alimentación humana o un aceite (…). Y en el momento en que el mercado esté apaciguado, ahí entraremos a ese mercado (farmacéutico)”, asegura.
 
 
 
 
 
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