miércoles, 3 de diciembre de 2014

SOLIDARIDAD CON LAS VÍCTIMAS DE LA TALIDOMIDA, AGREAL, VACUNA VPH, THS…




Jacobo Camarero Castellano, como concejal del
Grupo Municipal de Izquierda Unida Los Verdes-Convocatoria por Andalucía, realiza la siguiente PROPOSICIÓN para su debate y aprobación en el próximo Pleno:


SOLIDARIDAD CON LAS VÍCTIMAS DE LA
TALIDOMIDA, AGREAL, VACUNA VPH, THS…


RECHAZO DE LA SENTENCIA ABSOLUTORIA DE LOS LABORATORIOS GRÜNENTHAL DE LA AUDIENCIA PROVINCIAL DE MADRID

APOYO AL BOICOT A GRÜNENTHAL



APERTURA DE MESA DE DEBATE FRENTE A LA MEDICALIZACIÓN DE LA SANIDAD


“Un momento lleno de armonía natural nos hace desear que los segundos se alarguen […] Contergan nos ofrece paz y sueño. Este inofensivo medicamento no afecta […] y es bien tolerado incluso por los pacientes más sensibles. Sueño y paz:
Contergan, Conterganforte”.

(Publicidad de la talidomida, difundida por los Laboratorios Grünenthal).

Política de seguridad, salud y medioambiente del Grupo Grünenthal.

Grünenthal es una compañía farmacéutica orientada al futuro, basada en la investigación y que busca buenas prácticas de gestión, minimizando y controlando los riesgos de seguridad, salud y medioambiente.

· La seguridad y salud de nuestros clientes, vecinos y empleados, así como la protección del medioambiente son unas de nuestras máximas prioridades.

· Manejamos estos temas con el mismo sentido de responsabilidad y la misma forma metódica que los aspectos de calidad, productividad y rentabilidad.

· Continuamente evaluamos todos los procesos y materiales con el fin de mejorar la calidad, seguridad y compatibilidad medioambiental. Invertimos en edificios y equipos punteros.

· Consideramos las medidas preventivas como un elemento clave de todas nuestras actividades, decisiones y
procedimientos encaminados a asegurar la protección del medioambiente, salud y seguridad.

· Cumplimos con toda legislación pertinente, reglamentos y otros requisitos.

· Establecemos objetivos de seguridad, salud y medioambiente para asegurar la eficacia de nuestra política. 

Esta política se implementa de una manera sistemática combinando recursos técnico, organizativos y de personal.

· Promovemos el sentido de la responsabilidad entre nuestros empleados y contamos con su cooperación cuando se trata de proteger la seguridad, la salud y el medioambiente.

· Nuestros empleados están especialmente formados para manejar este tipo de aspectos cuando se presentan.

· Informamos a nuestros empleados, a las autoridades, vecinos y socios sobre nuestra política de seguridad, salud y medioambiente, nuestros sistemas de dirección y nuestros logros en protección de seguridad, salud y
medioambiente.

· Asimismo esperamos que nuestros proveedores busquen la protección de la seguridad, salud y medioambiente.

Extraído de la página web de Grünenthal


Una sentencia dictada por la jueza Gemma Gernández Díaz, Magistrada del Juzgado de Primera Instancia número 90 de Madrid condenó en noviembre de 2013 al laboratorio alemán GrünenthalPharma S.A. por el daño producido a los afectados de talidomida españoles; parecía que se podía reparar, 57 años
después, la dignidad y perjuicio ocasionado por la prescripción de este nocivo fármaco. En concreto, condenó al laboratorio germano a pagar 20.000 € a cada víctima por cada punto porcentual de minusvalía reconocido.

“Después del mayor atentado farmacológico de la historia de la humanidad, por fin se reconoce a las víctimas españolas de talidomida, hemos pasado de no existir, de ser invisibles, de negarse que se había vendido talidomida en España (…), a condenarse el laboratorio responsable que la inventó”, declaró en aquel momento José Riquelme, Presidente de la Asociación de Víctimas de la Talidomida en ese país (AVITE).

También añadió: “Es un homenaje a todas esa madres, vivas y fallecidas, por el sentimiento de culpabilidad que arrastraran hasta la tumba, por haber tomado un medicamento maligno, a pesar de que les fue recetado o regalado legalmente por sus médicos de cabecera o ginecólogos. Incluso alguna madre, desde que nació su hijo, lleva ingresada por temporadas, en hospitales psiquiátricos, después de 57 años”.

La demanda fue promovida por más de dos centenares de afectados integrados a la Asociación de Víctimas de este medicamento en España.

Como puede leerse en la sentencia, a finales de la década de los 50, Grünenthal sintetizó, patentó, comercializó y distribuyó por todo el mundo este fármaco que se vendió luego masivamente a partir de 1957, como sedante para paliar las náuseas y mareos de las embarazadas, así como combatir su insomnio, distribuyéndose como un producto “absolutamente seguro y carente de riesgos”. Meses después, como veremos, comenzaron a hacerse frecuentes los nacimientos de niños con graves malformaciones, por lo que muy rápido la comunidad científica estableció la relación entre la talidomida y esos daños. Sin embargo, por intereses exclusivamente comerciales, Grünenthal continuó regalando y vendiendo talidomida después de haber sido retirada en Alemania (1961). Por ejemplo, en
Nicaragua, por entonces república bananera, se comercializó Entero Sediv hasta 1973, medicamento que contenía talidomida. También en España hubo talidomida disponible hasta principios de los 80 como consecuencia de la agresiva política comercial del laboratorio alemán. En la RFA, mientras tanto, se inició un proceso indemnizatorio de importante calado.

En resumen: la talidomida se vendió en 50 países con 80 nombres comerciales y produjo más de 20.000 bebés mutilados.

Hoy día el laboratorio se sigue lucrando con la talidomida porque dicen estar convencidos de sus bondades en los casos de lepra, la enfermedad de Crohn, cierto tipo de cánceres hematológicos y otras dolencias.

Aún ante esta evidencia, durante su comparecencia en España la empresa solicitó, “la desestimación íntegra de la demanda”, e incluso con imposición de costas a los afectados por medicamento.

Un paso adelante en esta lucha de los afectados, fue la aprobación en 2010 del Real Decreto 1006/2010, que reguló la concesión de ayudas a las víctimas de la talidomida en España, y que ampara concretamente a 24 personas nacidas entre 1960 y 1965, a pesar de que se prescribió desde 1957 y que hay casos documentados muy posteriores, como se ha dicho.

La parlamentaria de CiU Lourdes Ciuró i Buldó solicitó que las ayudas se extendieran hasta 1973, puesto que se seguía prescribiendo talidomida, como demostró documentalmente; y todo ello a pesar que desde el 18 de mayo de 1962 una orden ministerial prohibió la comercialización de todo medicamento que contuviera talidomida. En toda Europa (menos España, claro) esta prohibición se dictó un año antes.

La orden se dio, en efecto, pero empezó el proceso de amnesia con las víctimas: “en aquella época se ocultaba en España todo, incluida la enfermedad, y por supuesto se obviaban todo tipo de
responsabilidades. Por tanto este colectivo quedó durante muchos años en una situación de falta de atención, en el olvido, a pesar de las graves secuelas en muchos de los casos”, manifestó en su día la actual eurodiputada socialista Soledad Cabezón Ruiz ante el Congreso de los Diputados el 8 de mayo de 2013.

Así las cosas, el aliento de esperanza que provocaron las iniciativas de estas dos políticas, la ley referida y, sobre todo, la sentencia del año pasado se truncó con la de la Audiencia Provincial de Madrid hace un mes, promovida a instancias del recurso de Grünenthal: los magistrados estiman que las acciones ejercitadas por AVITE han de entenderse "prescritas, por lo que proceden a revocar la sentencia y desestimar en su integridad la demanda interpuesta". La nueva sentencia hace referencia a los “daños tardíos”, explicando que debería realizarse una investigación científica "sistemática" de los daños causados en la etapa prenatal "pero descubiertos más tarde", que se concentre "en la colocación errónea de los vasos, nervios y músculos". Hace referencia al Informe del Instituto de Gerontología de la Universidad de Heidelberg, donde "no supone una constatación de los denominados daños tardíos y que los mismos tengan su causa en la talidomida, sino que, a lo largo del mismo, en diversas ocasiones, se establece como una posibilidad, por lo que su determinación se deberá de realizar a través de la correspondiente investigación científica".

En definitiva, España, como buena monarquía bananera, se desmarca de las indemnizaciones que sí reciben de Grünenthal los afectados alemanes, británicos e italianos (y recientemente australianos y neozelandeses), con el apoyo y la connivencia del poder judicial.

La multinacional alemana, obviando todos los estándares de la actual ética biomédica, no ha ocultado su satisfacción con esta nueva sentencia y ha afirmado que las víctimas ya tienen derecho a otras ayudas y que no era justo que se le pidieran 204.000 euros (20.000 € por cada punto de minusvalía reconocido). Además, su portavoz ha indicado que sus demandantes “no pudieron probar sus alegaciones”. Y no se le cayó la cara de vergüenza.





José Martínez López, médico de familia, ha impulsado una campaña de boicot a Grünenthal que ya cuenta con numerosos apoyos. El boicot se centra en los medicamentos Zaldiar, Adolonta, Palexia, Yantyl, Transtec, Versatis y Axura. No recetarán ninguno de ellos hasta que no paguen a las víctimas de su particular milagro alemán.

José Riquelme auguró que quizá a partir de la sentencia de 2013 se podía iniciar una oleada de demandas a nivel mundial, lo que podría ser la caída definitiva del imperio económico y farmacéutico Grünenthal y de la familia Wirtz, que, además de medicamentos, fabrican detergentes y perfumes y es dueña de una famosa cadena de supermercados. Seguramente, la conexión entre la sentencia de 2014 y las presiones del imperio de los Wirtz sólo está al alcance de mentes enfermas y calenturientas.

AVITE recurrirá al Tribunal Supremo y esto supondrá unos cuatro años más de espera.

¿Qué es la talidomida y qué efectos produce?

La comunidad científica asegura sin lugar a dudas que la talidomida afecta el desarrollo de las extremidades, pero solamente en embarazadas entre los días 14 y 50, que es cuando empieza su desarrollo. Por eso muchas mujeres que lo tomaron no sufrieron complicaciones; otras madres, por el contrario, perdieron embriones, fetos, neonatos y niñ@s a causa de los efectos del fármaco.

Las malformaciones afectan fundamentalmente a los brazos, antebrazos y piernas, produciendo un acortamiento de los mismos en la porción más cercana al tronco, aunque también se han constatado alteraciones en otros órganos, incluso en órganos internos. A ello se suman lesiones de espalda o columna, dolor, artrosis, tensión o debilidad muscular, etc., generados por el esfuerzo de tratar de compensar las funciones de las que se carece por las malformaciones.

Construyamos la historia de la talidomida y comprobemos cómo se ha llegado a esta vergonzosa situación:

Es bien sabido que en los campos de concentración nazis se utilizaba a las personas para experimentar todo tipo de tratamientos.

En Auschwitz desarrollaron sus macabras actividades, junto con otros criminales de bata blanca, dos siniestros científicos: el químico Otto Ambros y el médico HeinrinchMückter; Otto Ambroshabía comenzado su carrera como químico trabajando para la BASF y a partir de 1934 ingresó en la IG Farben, co- responsable de la fabricación del Zyclon B, en su sección de desarrollo de armas químicas, donde desarrolló las investigaciones que culminaron con la fabricación masiva de gas sarín en 1938 y en 1944 patentaría el soman, otro letal agente nervioso. Asimismo, Ambros controló la planta de producción de caucho sintético de Auschwitz III, perteneciente también al complejo industrial IG Farben, donde miles de hombres trabajaban como esclavos hasta que su debilidad o las enfermedades causaban su traslado a Auschwitz I o II para ser ejecutados. Paralelamente a sus investigaciones con los gases nerviosos, buscó un antídoto contra ellos; entre otras muchas sustancias que probó su equipo se encontraba la talidomida, usada para comprobar su efectividad, cómo no, con los prisioneros del campo.

Por su parte, Heinrich Mückter halló la vacuna contra el tifus y sus experimentos sobre éste y otros particulares costaron la vida de unos miles de prisioneros del campo próximo a Cracovia.

No cabe duda en lo que respecta a la experimentación de la talidomida en Auschwitz: De Napoli, que, como Martin Johnson, siguió la pista nazi de la talidomida, encontró un memorándum enviado el 13 de noviembre de 1944 por Fritz ter Meer, un ejecutivo de IG Farben, a Karl Brandt, un general de las SS que fue médico personal de Hitler y jefe de su programa de eutanasia. El informe establece que la droga fue sometida a pruebas y que estaba lista para su uso.

No llegó a ocho años la condena de ambos criminales en los juicios de Nüremberg y, como cientos de científicos nazis que encontraron en las potencias vencedoras y en el Vaticano sus mejores amigos de posquerra, Ambros y Mückter fueron indultados y rehabilitados rápidamente: los aliados del oeste no querían bajo ningún concepto perder la carrera de la investigación científica con las democracias populares del este.

La posguerra alemana ofreció una gran oportunidad para empresas como Grünenthal, que multiplicó entonces sus beneficios fabricando antibióticos para grandes imperios farmacéuticos.

Grünenthal había sido fundada por los hermanos Wirtz, unos fabricantes de jabones afiliados al partido nazi que adquirieron a precio de saldo gran cantidad de negocios propiedad de ciudadanos judíos, al calor de las infames leyes de Nüremberg de 1935.

Ambros y Mückter, otrora genocidas convictos y confesos, entraron en nómina de los Wirtz, que ya no exhibían alegremente el carnet del NSDAP. Ellos y muchos investigadores de pequeños y grandes laboratorios farmacéuticos sabían que encontrar unos tranquilizantes que sirvieran de alternativa a los barbitúricos podía suponer dar el salto de calidad hacia unos beneficios multimillonarios.

En efecto, la empresa Bayer había patentado el medicamento Veronal, cuyo principio activo, el ácido barbitúrico, era un poderoso enemigo del insomnio, la ansiedad y el dolor; tan poderosos eran sus efectos primarios como los secundarios: gran dependencia física y psicológica y frecuente recurso de los suicidas por su gran toxicidad.

Mückter ya había advertido el asombroso parecido químico entre la talidomida y los barbitúricos y, como se ha demostrado, ya había probado sus efectos entre los prisioneros de Auschwitz. La talidomida, en efecto, no producía intoxicación a corto plazo y sí un efecto relajante, analgésico y antiemético. Justo lo que necesitaban las mujeres en las primeras etapas de su embarazo: dormir, relajarse, no sucumbir a estados de ánimo negativos y evitar los vómitos tras levantarse. La publicidad hizo el resto: “tan inocuo como un caramelo”, rezaba.

¿Cómo es posible que un fármaco tan agresivo escape a los supuestos rígidos controles sanitarios?

No es ningún secreto que la "historia posnatal" de un fármaco de la industria capitalista comienza con los ensayos clínicos controlados, que se efectúan en condiciones muy diferentes a las de a práctica clínica habitual, participando pocos pacientes, generalmente unas docenas y raramente unos centenares; se realizan en poblaciones seleccionadas, a menudo no pueden incluir niños, ancianos, embarazadas, pacientes con más de una enfermedad ni los que presentan contraindicaciones potenciales para recibir el nuevo fármaco.

Por otra parte, la mayoría de los ensayos clínicos en fase III o de pre-comercialización, se realizan con el objetivo principal de justificar y conseguir el registro de comercialización y no con el de situar el nuevo producto en terapéutica, en comparación con otras alternativas, por lo que son poco útiles para predecir los efectos del nuevo fármaco en su uso clínico real.

Estas limitaciones impiden que los ensayos clínicos previos a la comercialización identifiquen los efectos indeseables raros, los que aparecen tras un tratamiento prolongado o mucho tiempo después de suspenderlo, también a los que afectan subgrupos específicos de población como ocurrió con las madres consumidoras de talidomida durante la gestación.

La estrategia de Mückter fue repartir muestras de talidomida entre los médicos alemanes para que la repartieran entre sus pacientes; poco después, recibió buenas noticias: el medicamento era un poderosísimo sedante, eficaz antiemético y un magnífico remedio contra el insomnio; buscaban un tranquilizante y encontraron algo mucho mejor.

En 1957 se lanzó al mercado con el nombre de Contergan: Grünenthal adquirió el nombre del producto y la patente del mismo a la firma francesa Rhône-Poulenc, que estuvo bajo control nazi durante la ocupación alemana de Francia y responsable del encargo a Otto Ambros de la búsqueda del antídoto contra el gas sarín; actualmente, está integrada en la multinacional Sanofi-Aventis (fabricante de Agreal), que integró a Hoechst, integrante de IG Farben, posesora de la patente del Zyclon B (participada también por la Standard Oil de Rockefeller), manufacturado por Degesch (Deutsche GesellschaftfürSchädlingsbekämpfung), empresa de la cual IG Farben tenía el 47% de las acciones. Otto Ambros también fue miembro del consejo de administración de Telefunken, así como asesor del canciller Adenauer y del especulador germano Flick,
presuntamente implicado en la financiación ilegal del PSOE, escándalo que vio la luz en 1983.

En agosto de 1958 Grünenthal mandó una carta a más de 40.000 médicos alemanes en las que Contergan aparecía como el fármaco que toda embarazada ansiaba encontrar.

La talidomida se vendió masivamente, con múltiples nombres comerciales, sola o mezclada con otras drogas. La recomendaban para el resfriado, la tos, el asma, el dolor de cabeza, la ansiedad y sobre todo para el insomnio; también, y muy especialmente, para las mujeres embarazadas: por fin se acabó el cuadro de molestias asociado al embarazo.

Un año después del lanzamiento del Contergan, Grünenthal recibió informes inquietantes. Algunos de los pacientes que consumían la talidomida de forma cotidiana sufrían temblores, disminución de la presión sanguínea, pérdida de memoria y reacciones alérgicas. También se describían casos de pérdida del tacto en los pies, los tobillos y las manos. Las autoridades de la empresa prefirieron ignorar o descalificaron estas advertencias.

Mientras tanto, en los hospitales nacían bebés con focomelia (extremidades en forma de aletas diminutas o manos y pies que salen directamente del tronco), una enfermedad tan rara que la mayoría de los médicos nunca la había visto. Ahora se encontraban con varios nuevos casos por semana. Así se descubrió, de la peor manera posible, que la talidomida producía malformaciones.

También podía producir ausencia de ano y deformación o ausencia de dedos, orejas u ojos, genitales y defectos en órganos internos. Miles de bebés nacieron deformes y cientos de miles no llegaron a nacer o murieron a los pocos días del parto. De los que habían sobrevivido unos meses, la mitad no llegó a los cinco años de vida. Y eso sólo en Europa; en África y Latinoamérica fue peor, dadas las deficiencias de sus sistemas sanitarios.

En los EE.UU, la multinacional Richardson- Merrill tenía preparadas en septiembre de 1960 diez millones de tabletas de talidomida. Pensaba lanzarlas a la venta en diciembre, porqueestudios de mercado habían demostrado que durante las fiestas navideñas se consumían más medicamentos para dormir. La farmacóloga FrancesKelsey, que llevaba muy poco tiempo en la FDA (Food and DrugsAdministration) pero con gran experiencia en investigación toxicológica, truncó sus esperanzas y exigió estudios experimentales concluyentes. Ni Richardson- Merrill ni nadie los tenía. La multinacional americana trató de desautorizarla, la presionó y la insultó sin piedad alguna.

Antes de que acabara el año, una prestigiosa revista médica inglesa publicó un artículo donde relacionaba la talidomida con daños en el sistema nervioso central en individuos adultos; Kelsey leyó el artículo y pensó en las lesiones que la talidomida podía provocar en el sistema nervioso de los no nacidos y decidió no autorizar su venta. Richardson- Merrill contestó repartiendo 2,5 millones de tabletas entre 1.000 médicos norteamericanos; muy poco tiempo después, el médico alemán Widukind Lenz afirmó sin lugar a dudas que la talidomida estaba detrás de las malformaciones fetales reseñadas. El 29 de noviembre de 1961 Grünenthal interrumpió de mala gana la venta del Contergan en Alemania. Sin embargo, el principio activo seguía siendo vendido ampliamente en muchos países con otros nombres comerciales, como ya hemos señalado.

Los afectados alemanes llevaron a Grünenthal a juicio; la defensa culpó de las malformaciones a aditivos alimentarios, detergentes y a los rayos catódicos, lo cual tendría gracia si el hecho también la tuviera. El juicio se prolongó durante más de tres años.

Finalmente, la empresa ofreció 31 millones de dólares a los 2.866 damnificados que residían en la República Federal de Alemania (actualmente, ello supone una paga vitalicia de unos 7.000 por afectado); Grünenthal declaró que, si el juicio continuaba, ya no podría cubrir los gastos, se tendría que declarar en quiebra y le resultaría imposible pagar la indemnización. La organización que reunía a las familias afectadas aceptó la oferta y el juicio terminó.

Nadie fue declarado culpable.

En España, la filial de Grünenthal comunicó a su empresa matriz en mayo de 1962 que no era su intención informar a los médicos españoles de los efectos secundarios de la talidomida.

Actualmente, el Estado español sólo reconoce como víctimas a 24 afectados, todos ellos nacidos entre 1960 y 1965 (cobraron entre 30.000 y 100.000 € en concepto de indemnización); en realidad, pueden ser más de 1.000 porque el fármaco se distribuyó entre 1951 y 1983. Unos 2.000 han muerto desde entonces, sin contar los no contabilizados oficialmente como víctimas.

En septiembre de 2012, HaraldStock, actual director general de Grünenthal, pidió perdón públicamente a los afectados. Se lamentó “por no haber encontrado el camino hacia las víctimas, de ser humano a ser humano”; camino que sí encontraron los abogados de la empresa alemana cuando terminó el juicio de 2013: la puerta de atrás de los juzgados. También intentó justificar el olvido de las víctimas: "entiendan nuestro silencio como una señal de la conmoción muda que nos provocaron sus casos". ¡Qué asco!







Veamos el caso Agreal. Durante más de 20 años cientos de miles de españolas acudieron a su médico de cabecera o a sus ginecólogos para tratar de poner fin a sus sofocos posmenopáusicos; desde 1983, muchas recibieron como solución el medicamento Agreal, propiedad de los laboratorios Sanofi- Aventis.

En 2005 la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios comunicó a los profesionales sanitarios la decisión de suspender su comercialización porque el Comité de Seguridad de Medicamentos de Uso Humano constató que el balance “beneficioriesgo era desfavorable”, a instancias del Sistema Español de Farmacovigilancia, que recibió diversas notificaciones de reacciones adversas psiquiátricas (depresión – incluso con pensamientos suicidas- , ansiedad, síndrome de abstinencia, insomnio) y de tipo neurógico (disquinesia – movimientos masticatorios compulsivos e inevitables, movimientos automáticos de la lengua - cansancio muscular grave, trastornos extrapiramidales, parkinsonismo).

Así que el Ministerio de Sanidad ha tardado 23 años en darse cuenta de los efectos secundarios tan desastrosos del medicamento en cuestión; y el Ministerio fiscal no actúa de oficio y exige responsabilidades civiles y penales.

El componente básico de Agreal es la Veraliprida, un neuroléptico; se trata de un antidopaminérgico (antagonista de la dopamina). Se entendía, pues, que la dopamina, un neurotransmisor implicado en el control locomotor, las funciones cognitivas y las emociones, era la aliada de los sofocos
posmenopáusicos.

Los únicos efectos secundarios a los que aludía el prospecto era galactorrea (eliminación espontánea de leche por el pezón); también rezaba que no se habían descrito incompatibilidades y que no procedía tomar precauciones especiales porque sólo a dosis masivas se observaban disquinesias que remitían espontáneamente con la interrupción de su administración. Sin embargo, el prospecto de otros países sí que hacía referencia a efectos secundarios de especial relevancia. Eso tiene un nombre: omisión intencionada de información.

Además, desde los primeros meses a partir de la comercialización del producto, ginecólogos y neurólogos de diversos hospitales del Estado español advirtieron de la peligrosidad de la Veraliprida. Sus advertencias fueron desestimadas; su reputación, puesta en duda.


Sanofi- Aventis se lucró durante 22 años aprovechándose también de la merecida y nefasta fama de la THS; huyendo del tratamiento hormonal, fueron miles las mujeres que buscaron refugio en el inocente Agreal.

Tampoco ha tenido necesidad el laboratorio referido de aceptar la relación entre la Veraliprida y los efectos secundarios observados en miles de mujeres cuyo factor común ha sido su estado posmenopáusico y la toma de Agreal; sin embargo, de su página web ha retirado toda información del medicamento.

Este verano, el Tribunal Supremo ha ratificado la condena por la que la multinacional farmacéutica debe indemnizar con 765.000€ a 146 mujeres que padecen secuelas irreversibles por el consumo de Agreal. La salud de cada mujer se ha cifrado en algo más de 5.000 €. El TS ha entendido que hubo un defecto en la información, por lo que existe, según su parecer, responsabilidad objetiva, pero sin culpa. 

Vergonzoso.






¿Y la vacuna del VPH? No hay un único virus; se conocen más de 100 tipos virales, unos con alto riesgo oncológico (13) y otros muchos con bajo riesgo. Todos los VPH se transmiten piel a piel y entre 30 y 40 también por contacto sexual. En la inmensa mayoría de las ocasiones (90%), la infección remite sola o con un tratamiento conservador, no invasivo. Solamente en el caso de infecciones prolongadas se pueden producir lesiones precancerosas que pueden dar lugar en caso de no remitir al cáncer cervical. Este proceso tarda en producirse: normalmente, entre 15 y 20 años. Es decir, la paciente tiene tiempo de sobra para descubrir la displasia y el procedimiento no puede ser más sencillo: el test Papanicolaou.

Un test anual bastaría para evitar que las lesiones precancerosas lleguen a más. Por si fuera poco, se ha descubierto de manera inequívoca que una dieta con un contenido suficiente de ácido fólico (presente en todas las verduras de hoja verde) previene eficazmente de la degeneración celular en el cuello del útero. Por todo ello no es de extrañar que la grandísima mayoría de los cánceres cervicales se den en mujeres con pocos recursos económicos, que van a menudo pareados con la falta de cultura; es decir, la prevalencia del cáncer cervical corre paralela a la prevalencia de la pobreza.

El enfoque de la enfermedad, que va siendo la norma en algunas administraciones sanitarias, no debe estar tan claro para los grandes laboratorios farmacéuticos, que vieron otra luz en 2008: la concesión del Premio Nobel de Medicina al alemán Haraldzur Hausen, que halló la relación entre el VPH y el cáncer cervical. Al que halló la relación entre cáncer y pobreza todavía no le han dado ni un diploma. Decía Bertolt Brecht que al pueblo hay que darle justicia, no orden.

El laboratorio humano son ahora las niñas a partir de 9 años, masivamente vacunadas; unas 25.000 en todo el mundo han referido efectos adversos muy graves. En España hay una asociación de afectadas cuya voz pugna por escucharse.

¿Cuál será el discurso sobre el Gardasil y el Cervarix dentro de
20 o 25 años?

¿El mismo que el de la supuesta neopandemia del siglo XXI de la Gripe A?

Talidomida, Agreal, Terapia Hormonal Sustitutoria, vacuna VPH, vacuna Gripe A… Escándalos farmacológicos que repercutieron y repercuten en la salud de tantas personas; y no son sólo cifras: detrás de cada historia hay nombres y apellidos, tanto de víctimas como de verdugos.

Urge, desde nuestro punto de vista, iniciar acciones desde la base en el sentido de luchar contra la medicalización de la sanidad, de la mano y la supervisión de la Unidad de Gestión Clínica de Olvera; estamos convencidos de que este fenómeno resta calidad y en algunos casos cantidad de vida: nunca ha habido en la historia tantas medicinas, nunca ha habido tantos enfermos. Muchos presuntos trastornos o enfermedades no son una cosa ni otra; es, sencillamente, la vida. Se trata de un criterio compartido por miles de profesionales en todo el Estado y en nuestra Comunidad Autónoma. Hagamos que se oiga su voz.

Por todo ello se eleva ante el Pleno del ayuntamiento de Olvera la siguiente:


PROPUESTA DE ACUERDO:


PRIMERO.- El Pleno del Ayuntamiento de Olvera se solidariza con las víctimas de la talidomida (y también de Agreal, la vacuna VPH, la THS y demás medicamentos peligrosos) y rechaza enérgicamente la sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid en contra de los afectados por la catástrofe iatrogénica y a favor del laboratorio alemán Grünenthal.

SEGUNDO.- El Pleno del Ayuntamiento de Olvera recomienda a los profesionales médicos de la Unidad de Gestión Clínica de Olvera que secunden el boicot a Grünenthal iniciado por el colectivo de médicos de familia, a instancias del Doctor D. José Martínez López.

TERCERO.- El Pleno del ayuntamiento de Olvera declara a Grünenthal empresa non grata y arbitrará por ello todas las medidas a su alcance para que no pueda ejercer sus actividades en nuestra ciudad.

CUARTO.- El Pleno del Ayuntamiento de Olvera apoya la constitución de una mesa de debate que aborde el problema de la medicalización de la sanidad, en colaboración con la Unidad de Gestión Clínica de Olvera.

QUINTO.- El Pleno del Ayuntamiento de Olvera da cuenta de la presente resolución a los Ayuntamientos de la Comarca de la Sierra de Cádiz, la Junta de Andalucía, la FEMP, la FAMP y el Gobierno Central.

En Olvera, a 11 de noviembre de 2014.

Firmado: Jacobo Camarero Castellano

Concejal de Salud del Ayuntamiento de Olvera
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